jueves, 23 de octubre de 2008

¿Cómo definiríamos la crisis?

Crisis:

1. f. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente.
2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.
3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese.
4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes.
5. f. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.
6. f. Escasez, carestía.
7. f. Situación dificultosa o complicada.

Estos son los significados que provee la Real Academia de la Lengua Española a esta palabra que se ha vuelto tan de moda en estos últimos tiempos. ¿ Pero cuál cree usted de todos estos significados expresa mejor el panorama actual? Analicemos cada uno de ellos.

El primero nos dice que la crisis denota un cambio brusco en el curso de la enfermedad de un paciente, sea para bien o mal. Este personalmente es uno de los que más me atrae. Estaría explicando que el mundo vive en un cuadro de enfermedad y que este abrupto económico-financiero que se percibe es solo una evolución a la situación que residía. Solo podríamos decir por el momento que se trata de un cambio, ya que creo aun no existen los elementos necesarios como para calificar de bueno o malo, debido a que a pesar de los miles de millones de dólares que escuchamos diariamente que se pierden en títulos financieros, vale decir términos poco o casi nada entendidos por la gran mayoría, incluidos los más peritos en la materia, chocamos con realidades paralelas donde no entendemos quien o quienes son los que pierden con esto y por el otro quienes se están beneficiando. Por momentos podemos percibir que los que se ven más favorecidos, pareciesen ser los mismos sujetos que causaron esta fantasía llamada por algunos “burbuja” llena de rarezas, nula información y supervisión.
El segundo nos dice que crisis es la mutación importante de procesos de orden físico, históricos o espirituales. Aquí no estaría muy de acuerdo debido a que pienso que no hay necesariamente una mutación, ya que más que ella lo que hay es una consecuencia de muchos hechos que se estaban sucediendo, lo cual tarde o temprano iba a desatar una situación como la actual. Si pienso, sin embargo, que por la magnitud de los hechos esto va a quedar gravado en la historia, la cual como nos enseña nuevamente es solamente una sucesión de eventos que con algunos cambios de matiz es algo que se repite continuamente, en la cual el ser humano lamentablemente aun no ha aprendido a reflexionar sobre ella para evitar repetir sus errores.

El tercer y cuarto significado creo que no están comprendidos en el escenario actual por lo que los dejaré de lado. El quinto significado expresa como crisis al juicio que se realiza de algo luego de haberlo examinado cuidadosamente. Aquí estaremos de acuerdo que los juicios o apreciaciones que se tiene de la crisis son más que abundantes, lo que nos podría llevar a algunas reflexiones: o la crisis es tan compleja y sombría que es difícil llegar a un acuerdo general, o la economía aun no tiene las herramientas suficientes para explicarla o quizá aun no estamos ni siquiera en el punto medio de la misma, por lo que lo futuro o inmediato aun nos es incierto, o finalmente cualquiera se siente en la capacidad de emitir juicios sin tener el mayor conocimiento y rigurosidad en su análisis. Creo que a pesar de que aun nos situamos en un momento en el cual este panorama sombrío esta lejos de concluir, el análisis de lo que sucede termina siendo muy superficial, y esto se refleja en que las explicaciones que escuchamos cotidianamente de uno u otro lado cambian radicalmente al día siguiente luego de acontecido algún nuevo hecho que no estaba contemplado.

El sexto significado nos habla de la crisis como una situación de escasez o carestía, lo cual como lo expliqué párrafos arriba no es algo que aun me quede muy claro. Ello debido a que toda esta confusa situación que vivimos aun no nos permite vislumbrar los posibles ganadores y perdedores. Si la burbuja de precios fuese realmente el detonante, entonces lo reinante solo seria un ajuste normal de algo que solo era virtual. Si este fuese el tema, me resultaría difícil y muy preocupante de creer que todo una comunidad financiera no haya sido capaz de anticipar el problema y más bien actuar como unos borreguillos, los cuales sin mayor conocimiento (al parecer) agravaban el problema, comprando y vendiendo instrumentos que no tenían la mayor idea de que comprendían, ni el nivel de riesgo suponían.

Finalmente está el séptimo significado, el cual resume plenamente lo que para mí es esta crisis: “una situación dificultosa y complicada”. Por el momento no podría decir nada más.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Crisis financiera...¿Alguien sabe que pasa?

La estatización de las hipotecas fallidas, en serie con las medidas sin precedentes tomadas en los últimos días marca no sólo un cambio en las prácticas del mercado y en la relación entre estados y mercados, sino que también pone en la alarma la teoría neoclásica.

Así como la crisis del treinta puso en crisis la teoría precedente a través de la crítica de Keynes, la crisis actual confirma la inconsistencia de las teorías de los mercados autorregulados y las decisiones racionales.
Los reguladores y operadores no saben cual es el riesgo implícito en las operaciones. Desde la crisis asiática numerosos estudios y comentarios llaman la atención sobre que los reguladores no llegan a conocer la complejidad de las operaciones y que no pueden conocer los riesgos implícitos en las mismas, por su complejidad y por el alto nivel de apalancamiento. Un reciente ejemplo de este “No Sé Que Pasa”, lo dio el propio Secretario del Tesoro Henry Paulson que según el Wall Street Journal, el sábado pasado les dijo a los banqueros que consideraban concederle un préstamo a AIG que “el gobierno no tenía una idea clara de la dimensión del problema”. El hombre que hablaba es del sector financiero, fue directivo de Goldman Sachs y tiene acceso a toda la información habida y por haber sobre el tema. Si el no sabe ¿quien sabe cual es la deuda y el riesgo?

Comparando el momento actual con la crisis de los treinta, la principal diferencia se encuentra, como se vio en estas semanas, en la voluntad de los gobiernos de intervenir en los mercados, precisamente, por la memoria de esa crisis y de sus consecuencias.La crisis financiera evoca la “sombra terrible” de la crisis del 30. El temor es justificado pero entre ese momento y la actualidad existen grandes diferencias económicas e institucionales que influyen sobre la dinámica y las perspectivas de la crisis.

El auge de la bolsa neoyorquina fue empujado por expectativas “irracionales” y alimentada, como en las especulaciones contemporáneas, por la compra de activos a crédito. Cuando la bolsa se desplomó se produjo una interrupción del crédito, la caída de la demanda y de los precios nacionales e internacionales.

La gran diferencia entre el escenario de ese entonces y el actual, es que en los treinta los gobiernos estaban comprometidos con el sistema de patrón oro, que restringía las opciones de medidas de creación de liquidez. En ese sistema, un aumento en la masa monetaria reducía el respaldo de los billetes en oro y divisas y provocaba salidas de capitales.

En la actualidad los bancos centrales, grandes y chicos, emprendieron, desde los primeros síntomas de crisis una política de aumento de liquidez y soporte del sistema. Si estas medidas, además de necesarias, son suficientes, es parte de otra discusión. Antes de la crisis bursátil, la Reserva Federal había comenzado a aumentar las tasas de interés para frenar el auge, pero esta medida tuvo el efecto perverso de reforzar la atracción de capitales de otros mercados.

Hubo una situación que formó parte de otra característica dominante en el período entre guerras: los países industrializados respondieron a la crisis con medidas nacionalistas y no lograron acuerdos destinados a estabilizar las monedas o evitar el proteccionismo. Estados Unidos era la principal potencia económica, el mayor acreedor internacional y tenía superávit comercial, pero no estaba interesado en actuar como prestamista de última instancia, aportando capital a sus socios deudores y, además, tomó medidas devaluatorias y proteccionistas que, por el tamaño de su economía y por las dificultades que tenían los demás países, contribuyeron a profundizar la crisis.

En 1930 Estados Unidos, actual paladín del libre cambio, estableció la ley Smooth-Hawley que aumentó los aranceles de un 38% promedio a un 53%, agravando las restricciones ya existentes al comercio internacional.

En 1932, Gran Bretaña, que sí era librecambista, cambió el rumbo y respondió con el Tratado de Ottawa de preferencias arancelarias para los países de la Commonwealth. La Argentina entraría al sistema por la ventana, con el Tratado de Roca Runciman.

Francia, por su parte, mantenía una política de franco devaluado que aumentaba su competitividad comercial y, a partir de 1931, Alemania, Austria y otros países centro europeos instalaron el control de cambios para impedir la fuga de capitales. Ese mismo año, los países latinoamericanos, cuyo peso en el comercio internacional y como deudores era mayor que el actual, abandonaron la convertibilidad, impusieron control de capitales y varios se declararon en default.

Medidas proteccionistas, devaluaciones salvajes de grandes economías o controles de capital, no son previsibles en la actualidad.

La crisis del 30 se dio, además, en un sistema mundial que ya no contaba con una moneda internacional confiable como había sido la libra esterlina en el siglo XIX y como sigue siendo el dólar en la actualidad (que, paradójicamente, se convierte en refugio de valor como consecuencia de las crisis en el país que lo emite).

Gran Bretaña volvió a la convertibilidad en 1925 pero con una libra sobre valuada y con poco respaldo, por lo que el país siguió perdiendo capitales y se vio obligado a abandonar la convertibilidad en 1931.

Otra diferencia fundamental entre el sistema de entre guerras y el actual es el nivel de endeudamiento de particulares, empresas y estados. El sistema de la segunda posguerra acordado en Bretton Woods tuvo el propósito de evitar la repetición de devaluaciones competitivas, respuestas proteccionistas e inestabilidad cambiaria. La quiebra de este sistema en 1971-1973 y la liberación cambiaria y financiera que le siguieron dieron lugar a un incremento de la liquidez y del endeudamiento en relación a la producción, el comercio y los ingresos personales, así como a la generación de operaciones financieras de creciente complejidad y riesgo implícito.

Por en los últimos cincuenta años muchas crisis surgieron de la órbita financiera o se produjeron en actividades reales sobre dimensionadas con financiamiento especulativo, como sucede actualmente en varios países en la construcción.En la actualidad los gobiernos y bancos centrales están dispuestos, a diferencia de lo que sucedió en los primeros treinta, a auxiliar a los mercados con liquidez y fondos perdidos. Pero las características del mundo contemporáneo de las finanzas hacen que esas ayudas tengan un efecto, cuando menos limitado.

Por eso, por encima de las diferencias de escenario, resuenan ahora las líneas que Galbraith escribió hace 25 años en El crac del 29: “un rasgo común a las crisis anteriores fue que una vez que habían tenido lugar, concluían…El rasgo más singular de la catástrofe de 1929 fue que lo peor empeoraba continuamente” (*)


(*)Fuente: Diario El clarín