Primero fue el día del Pisco Sauer, luego el día la papa, ahora está la noche de la comida peruana, pronto será el día del Ceviche y así con el resto de nuestra exquisita y extensa culinaria peruana...
El fenómeno gastronómico que vive el Perú al parecer que es algo que recién está por comenzar. A pesar que nuestra comida es algo, de lo poco, que el peruano no ha despreciado de su tierra, por años no se supo aprovechar el gran potencial que esto podía significar tanto para el desarrollo económico del país, pero fundamentalmente como elemento común que nos conduzca hacia una sólida formación de una identidad nacional.
Hoy en día el Perú vive un momento propicio para dar el gran salto hacia un desarrollo integral que sea fundamentalmente inclusor de todas las diversas culturas, razas o pensamientos que engloban esta multifacética Nación.
El gran problema que no nos ha permitido un desarrollo pleno a lo largo de nuestra historia ha sido la falta de identidad entre los peruanos, que más allá de haber nacido en un territorio con un mismo nombre, no hemos sabido encontrar similitudes entre nosotros, sino más bien diferencias, que solo han creado una mayor desigualdad, desunión, desconfianza y desesperanza entre sus miembros, de un futuro mejor.
Es allí donde el fenómeno gastronómico esta jugando un rol excepcional debido al efecto integrador que este trae consigo.
Mi hipótesis del porqué la gastronomía está teniendo este efecto integrador lo plasmo en el siguiente ejemplo:
¿Qué tienen en común una “Papa a la Huancaína”, un “Ceviche” o un “Rocoto Relleno”?
Pues todos, a pesar de provenir de distintos lugares y por lo tanto de haber sido creados por diversas culturas, pertenecen a una sola Nación: Perú. Todos los peruanos nos sentimos extremadamente orgullosos y asociamos automáticamente como nuestra todos estos platillos ante nuestros compatriotas y en especial ante cualquier extranjero que podamos conocer, mostrándole con mucho orgullo que eso es algo nuestro. Pues bien, para la formación de una identidad nacional es elemental tener este tipo de elementos comunes que nos enorgullezcan y permitan crear sólidos lazos que unan a la sociedad.
Y que mejor que la gastronomía, ya que ella envuelve algo mucho más complejo que un simple platillo, sino todo un conjunto de costumbres, historia, lenguajes, mezclas, etc. Ejemplo de ello está el rico y pintoresco Arroz Chaufa, mezcla de ingredientes de la sabrosa sazón chino-cantonesa con la criolla, que permiten describir de alguna manera esta fusión cultural producto del mestizaje de culturas que vivió nuestro país. Los chinos, que llegaron en grandes masas para trabajar en el campo a mediados del siglo XIX, introdujeron el arroz a nuestra dieta diaria, siendo hoy en día muy difícil de imaginar un por ejemplo un arroz con pollo, un arroz con leche o prácticamente la mayoría de nuestros potajes sin esta agradable compañía.
Además es justo ella, la gastronomía, la que nos enseña nuestros orígenes y particularidades. Si llegamos a entender y asimilar con orgullo que esta mezcla, de la cual somos participes todos, es solo parte del capricho del destino, y que contrariamente a perjudicarnos nos engrandece dándonos la oportunidad de tener una variada diversidad, no solo cultural, sino también histórica, acompañado de elementos adicionales como nuestra grandiosa fauna y flora, siendo de las más y diversas del mundo, podremos sacar lo mejor de cada elemento que tenemos llegando a ser una Nación Única, Unida y con un Potencial Incalculable.
El fenómeno gastronómico que vive el Perú al parecer que es algo que recién está por comenzar. A pesar que nuestra comida es algo, de lo poco, que el peruano no ha despreciado de su tierra, por años no se supo aprovechar el gran potencial que esto podía significar tanto para el desarrollo económico del país, pero fundamentalmente como elemento común que nos conduzca hacia una sólida formación de una identidad nacional.
Hoy en día el Perú vive un momento propicio para dar el gran salto hacia un desarrollo integral que sea fundamentalmente inclusor de todas las diversas culturas, razas o pensamientos que engloban esta multifacética Nación.
El gran problema que no nos ha permitido un desarrollo pleno a lo largo de nuestra historia ha sido la falta de identidad entre los peruanos, que más allá de haber nacido en un territorio con un mismo nombre, no hemos sabido encontrar similitudes entre nosotros, sino más bien diferencias, que solo han creado una mayor desigualdad, desunión, desconfianza y desesperanza entre sus miembros, de un futuro mejor.
Es allí donde el fenómeno gastronómico esta jugando un rol excepcional debido al efecto integrador que este trae consigo.
Mi hipótesis del porqué la gastronomía está teniendo este efecto integrador lo plasmo en el siguiente ejemplo:
¿Qué tienen en común una “Papa a la Huancaína”, un “Ceviche” o un “Rocoto Relleno”?
Pues todos, a pesar de provenir de distintos lugares y por lo tanto de haber sido creados por diversas culturas, pertenecen a una sola Nación: Perú. Todos los peruanos nos sentimos extremadamente orgullosos y asociamos automáticamente como nuestra todos estos platillos ante nuestros compatriotas y en especial ante cualquier extranjero que podamos conocer, mostrándole con mucho orgullo que eso es algo nuestro. Pues bien, para la formación de una identidad nacional es elemental tener este tipo de elementos comunes que nos enorgullezcan y permitan crear sólidos lazos que unan a la sociedad.
Y que mejor que la gastronomía, ya que ella envuelve algo mucho más complejo que un simple platillo, sino todo un conjunto de costumbres, historia, lenguajes, mezclas, etc. Ejemplo de ello está el rico y pintoresco Arroz Chaufa, mezcla de ingredientes de la sabrosa sazón chino-cantonesa con la criolla, que permiten describir de alguna manera esta fusión cultural producto del mestizaje de culturas que vivió nuestro país. Los chinos, que llegaron en grandes masas para trabajar en el campo a mediados del siglo XIX, introdujeron el arroz a nuestra dieta diaria, siendo hoy en día muy difícil de imaginar un por ejemplo un arroz con pollo, un arroz con leche o prácticamente la mayoría de nuestros potajes sin esta agradable compañía.
Además es justo ella, la gastronomía, la que nos enseña nuestros orígenes y particularidades. Si llegamos a entender y asimilar con orgullo que esta mezcla, de la cual somos participes todos, es solo parte del capricho del destino, y que contrariamente a perjudicarnos nos engrandece dándonos la oportunidad de tener una variada diversidad, no solo cultural, sino también histórica, acompañado de elementos adicionales como nuestra grandiosa fauna y flora, siendo de las más y diversas del mundo, podremos sacar lo mejor de cada elemento que tenemos llegando a ser una Nación Única, Unida y con un Potencial Incalculable.
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